jueves, 23 de septiembre de 2010

Tú comes, el muere...



En un ensayo titulado Acerca de comer carne, el autor romano Plutarco escribió: «Puedes realmente preguntar por qué razón Pitágoras se abstenía de comer carne? Por mi parte más bien me asombro y me pregunto por qué gran accidente y en qué estado mental el primer hombre utilizó su boca para desgarrar y llevó sus labios a la carne de una criatura muerta, tendió su mesa con cuerpos muertos y pálidos y se aventuró a llamar alimento y nutrición a esos seres que en un momento se alegraron, lloraron, se movieron y vivieron... ¿Cómo pudieron sus ojos soportar la matanza cuando sus gargantas eran cortadas y sus miembros descuartizados? ¿Cómo pudo su nariz soportar esos olores? ¿Cómo es que esa contaminación no tornó su gusto y pudo beber jugos y serúmenes de heridas mortales?... Ciertamente que no comemos leones o lobos por autodefensa, por el contrario matamos criaturas dóciles que ni siquiera tienen dientes para dañarnos. Por un poco de carne les privamos del sol, la luz y de la duración de la vida a la cual tienen derecho». Luego el desafío: «Si dices que has sido hecho para comer carne, entonces mata con tu propio esfuerzo lo que quieras comer, hazlo sin ayuda de armas ni cuchillos».

1 comentario:

David Alejandro Garzon Fierro dijo...

..!
absolutamente de acuerdo.

gracias por hacer esta entrada.